LIVERPOOL – El mundo desarrollado está familiarizado con las amenazas globales de infecciones virales que producen miedo tanto en las poblaciones ricas como entre los pobres. La pandemia de SARS, la gripe aviar y la gripe porcina le han costado a la economía global unos 200.000 millones de dólares. Estas amenazas surgen frecuente e impredeciblemente como consecuencia del contacto humano con los animales. Se necesita una respuesta rápida de los gobiernos, las agencias de las Naciones Unidas, las autoridades regulatorias y la industria farmacéutica a los efectos de coordinación, vigilancia y producción de vacunas.
Pero la gente más pobre –los que viven con menos de 2 dólares por día- muchas veces no es considerada importante cuando surge una amenaza pandémica. Ellos no contribuyen significativamente a la economía global, y los sistemas de salud de sus países funcionan con una pequeña fracción de lo que las economías avanzadas dedican a la salud de sus poblaciones.
Inversamente, la visión que tienen los países desarrollados de las enfermedades del mundo en desarrollo es que sólo tres son importantes: el sida, la tuberculosis y la malaria. Esto surge del poder de los grupos de presión y el reconocimiento de que estas enfermedades podrían amenazar al mundo desarrollado. En consecuencia, estas enfermedades reciben una cantidad desproporcionada de financiamiento para investigación y control, mientras que otras enfermedades que matan, enceguecen, deforman y dejan inválidos a muchos más –los “mil millones de abajo”- tienen un acceso limitado a la atención sanitaria.
Estas infecciones se conocen como las Enfermedades Tropicales Desatendidas (NTD por su sigla en inglés). No son muy familiares en el mundo desarrollado, y sus nombres suelen ser difíciles de pronunciar: filariasis (elefantiasis), oncocerciasis (ceguera de los ríos), esquistomiasis (billharziasis) y otras, particularmente gusanos intestinales.
Estas no son enfermedades familiares para la gente lo suficientemente afortunada como para vivir en los países más ricos del mundo, pero son nombres de todos los días para cientos de millones de personas pobres, que suelen infectarse con una o más de ellas. Son enfermedades de un proceso prolongado, que muchas veces se contraen en una edad temprana, y tanto las enfermedades como sus síntomas son progresivos.